El desempleo es un grave problema que afecta a todos los Estados miembros de la UE, entre los que destaca España. Para darle respuesta, desde mediados de la década de 1990 se han implementado una serie de iniciativas destinadas a mejorar y aumentar el volumen de puestos de trabajo. Entre las mismas se encuentran los Pactos Territoriales por el Empleo. Se trata de un política de cooperación territorial en la que participan las administraciones públicas (desde la escala europea a la municipal), entidades privadas y agentes locales.
Nacen a partir de la extremada preocupación de la UE por aumentar la tasa de ocupación, puesto que iba disminuyendo, por ese motivo en 1996, se crea la figura del Pacto Local por el Empleo, mediante la cuál se pretendía intensificar la incidencia de esta variable en las grandes políticas comunitarias.
La Comisión insistía en la necesidad de una ampliación y una intensificación de la cooperación entre los interlocutores sociales y el sector privado de una determinada región o zona que presentase una inestabilidad laboral muy aguda. Proponía a los Estados Miembros una acción piloto para completar y reforzar a nivel local las orientaciones de estos pactos. Así, la finalidad de estos pactos piloto se puede dividir en dos objetivos. En primer lugar, mejorar la variable de empleo, y en segundo, que sirviese de modelo para futuros pactos territoriales por el empleo. Atendiendo a los cuatro pilares de las líneas directrices a favor del empleo:
- Empleabilidad
- Espíritu empresarial
- Adaptabilidad
- Igualdad de oportunidades

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